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Historia

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La Reforma Descalza: origen del Convento Madre de Dios

La llegada de la orden franciscana a Extremadura en el siglo XIII sentó las bases para una presencia religiosa que, aunque inicialmente modesta, cobraría un gran auge a finales del siglo XV y principios del XVI. En este periodo, las exenciones y privilegios asociados a la segunda Regla escrita por San Francisco generaron diversas escisiones entre sus miembros, dando lugar a reformas significativas, destacando la Reforma Descalza, iniciada por Fray Juan de la Puebla, continuada por Fray Juan de Guadalupe y culminada por San Pedro de Alcántara.

La Reforma Descalza se centró en el seguimiento radical de la pobreza y en el establecimiento de conventos en lugares apartados, conocidos como “eremitorios” o “desiertos”, donde los franciscanos podían llevar una vida de recogimiento y oración, alejada del enfoque predicador que había caracterizado a la orden en sus inicios. En este contexto de efusión espiritual surgieron grandes místicos como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y, por supuesto, San Pedro de Alcántara.

La Reforma Descalza se centró en el seguimiento radical de la pobreza y en el establecimiento de conventos en lugares apartados

San Pedro de Alcántara se convirtió en un referente para la construcción de conventos franciscanos, inspirando un modelo arquitectónico austero que se plasmó en sus ordenaciones para la provincia de San Gabriel de 1540 y las redactadas para la provincia franciscana de San José entre 1561 y 1562. Estos conventos, diseñados para reflejar el espíritu de pobreza y humildad, buscaban integrarse armónicamente en la naturaleza, en enclaves paisajísticos con propensión de agua, donde practicar la horticultura.

Uno de estos conventos, el de Madre de Dios en Valverde de Leganés, es un claro ejemplo de esta visión. Concebido según las normas establecidas por San Pedro de Alcántara, su arquitectura austera y su ubicación en el campo reflejan la esencia de la vida franciscana: un espacio que invita a la contemplación y a la conexión con lo divino, lejos de las distracciones del mundo. Este convento se erige como un símbolo del compromiso de la orden con la pobreza y la vida eremita, al mismo tiempo que se adapta a las necesidades espirituales de la comunidad.

Ilustración de la Iglesia
El Convento Madre de Dios

El convento Madre de Dios de Valverde de Leganés fue fundado en 1540. Cuando a Fray Pedro de Alcántara, en su búsqueda fundacional, le pareció idóneo el enclave de una ermita bajo la advocación de San Antonio de Padua, convertida en hogar y santuario de Fray Antonio Regüengo, criado y protegido del Duque de Verganza, quien había financiado la construcción del inmueble.

A petición de fray Pedro, ministro provincial, fue cedido el edificio para la causa descalza, y en ese mismo año se estableció la casa franciscana. Las obras del conjunto comenzaron tiempo después y finalizarían en 1551.

Siguiendo las directrices alcantarinas, en principio se terminó en humildes proporciones, siendo uno de los mas pobres de la provincia de San Gabriel. En sus inicios, debió contar con la Iglesia que ocupaba el espacio norte del conjunto, además de claustro, refectorio, cocina y unos estrechos dormitorios.

Mas adelante, en sucesivas reconstrucciones y ampliaciones se levantaron nuevas oficinas, camarín, capilla, pórticos, hospedería, corredores y celdas mas numerosas y amplias.

Las primeras obras fueron costeadas en su mayor parte por el concejo de Valverde de Leganés y limosnas de particulares, tanto españolas como de las poblaciones portuguesas cercanas, Elvas, Olivenza y sus aldeas, y Táliga, pertenecientes estas últimas por entonces al reino vecino.»

También contribuiría económicamente el obispo de Ceuta, residente en Olivenza, quien en ese año de 1551 regaló una imagen de la Virgen de la Encarnación de la iglesia de Santa María al convento de Valverde, cambiando su advocación por la de Madre de Dios y convirtiéndose en centro de peregrinación tanto de castellanos como portugueses, gracias a los milagros atribuidos a la imagen. La importancia espiritual del lugar llegaría hasta la corona de Portugal que a través de la reina Maria Victoria de Borbón otorgó a su muerte en 1781, una dotación testamentaria anual de 2000 reales.

El propio San Pedro de Alcántara viviría aquí durante 11 años, y fue también residencia del ilustre confesor Fray Juan de Cabrera, muy influyente en el monarca Felipe II y en la corte portuguesa. Este fraile reposa en el convento.

Capilla de los Enterramientos del Convento Madre de Dios
Las guerras, saqueos y restauraciones

Durante la Guerra de Restauración Portuguesa, que se desarrolló entre 1640 y 1668, el convento sufrió severos daños. En 1643, las tropas portuguesas atacaron Valverde, y los religiosos se vieron forzados a abandonar el convento por peligrar sus vidas. Durante este conflicto, el edificio fue saqueado y la imagen de la Virgen fue robada, justificando los soldados su acción por el origen portugués de la talla.

En 1657, tras la toma de Olivenza por tropas castellanas, se logró recuperar la imagen de la Virgen, que fue trasladada a Badajoz para protegerla de futuros expolios, permaneciendo allí hasta 1672. Con la firma de la paz entre las coronas española y portuguesa en 1668, los religiosos decidieron regresar al convento y comenzaron su reconstrucción. Las crónicas de la época indican que el edificio había sufrido considerablemente debido al fuego cruzado, por hallarse en una zona de frontera.

El proceso de restauración fue lento y se inició por las partes más esenciales: la iglesia, el refectorio y las celdas, que se rehabilitaron en 1672. En ese momento, se realizó el traslado definitivo de la imagen de la Virgen desde Badajoz al convento, simbolizando un nuevo comienzo para la comunidad. Durante este tiempo, la población portuguesa, especialmente de Elvas y Olivenza, continuó apoyando la restauración mediante limosnas, lo que refleja la estrecha relación entre el convento y estas comunidades.

A partir de 1689, se llevó a cabo una segunda fase de restauración, en la que se amplió el área residencial de los monjes, ya que las obras de 1672 habían dejado las instalaciones algo limitadas. Sin embargo, entre 1701 y 1714, el convento volvió a verse afectado por la Guerra de Sucesión Española.

En este contexto, la comunidad franciscana decidió trasladar la imagen de la Virgen y otros objetos valiosos a conventos más alejados de la frontera, como San Onofre de la Lapa y San Gabriel de Badajoz.

El 16 de mayo de 1704, un grupo de portugueses armados saqueó violentamente el convento, forzando a los monjes a abandonarlo nuevamente. Durante el conflicto, el convento se utilizó por las tropas castellanas y portuguesas, que añadido a los años de abandono, causó daños incalculables en las instalaciones. Según los testimonios de la época, el convento había perdido casi todas las techumbres de las salas de habitación, y muchos elementos decorativos, como los retablos, fueron destruidos o utilizados como combustible por los soldados.

En 1715, regresaría la imagen de la virgen al convento y se iniciaron obras de reconstrucción, financiadas de nuevo tanto por el concejo de Valverde de Leganés como por las aportaciones de particulares valverdeños y habitantes de Elvas y Olivenza. Esta fase constructiva se completó en 1739, cuando se consolidó la parte superior del área residencial, se estabilizaron los muros de la iglesia y se levantaron nuevamente las bóvedas, que habían quedado gravemente afectadas. En este proceso, se utilizaron técnicas ornamentales que reflejan una clara influencia portuguesa, con la construcción de un nuevo retablo en mampostería y la ampliación del camarín de la Virgen, que se decoró con pinturas.

La huerta conventual es un tesoro inalterado que muestra el valor económico y ecológico del lugar

La huerta

Ocupando un espacio de una hectárea se dispone la huerta conventual. Basada en la herencia de la huerta morisca, está organizada en amplios bancales y con el sistema de riego típico de la zona, compuesto de pozos, fuente, noria de sangre , alberca y canales.

 Es un tesoro inalterado que muestra el valor económico y ecológico del lugar, ya que los monjes cultivaron una variedad de productos frutales y hortícolas.

Declive y desamortización

En 1820, un real decreto obligaba a suprimir los monasterios que no tuvieran un mínimo de 12 individuos profesos, y los frailes tuvieron que abandonar sus instalaciones. Aunque regresaron de nuevo, tras la desamortización de Mendizábal entre 1836 y 1837, la comunidad religiosa abandonó definitivamente el lugar, que pasó a ser propiedad privada.

A lo largo del siglo XIX y la primera mitad del XX, el edificio se reutilizó como vivienda de arrendatarios y trabajadores de la finca y como establo, aunque estas reocupaciones no alteraron significativamente su estructura.

Recuperación en la actualidad

Ya en nuestra historia reciente, destacar los hitos importantes que serán claves en la recuperación del inmueble y su entorno:

La compra en 1998 para la parroquia de Valverde de Leganés, por el titular de la misma, Don Agustín Fernández Caballero.

La declaración de Bien de Interés Cultural por parte de la Junta de Extremadura y el proyecto de recuperación promovido y gestionado por el Ayuntamiento de nuestra localidad, representado por Don Manuel Borrego Rodríguez, y financiado por el Gobierno de España.

Hoy, el Convento Madre de Dios se erige como un testimonio del pasado, ofreciendo una visión única de la historia y la arquitectura del siglo XVIII. La preservación del edificio y su entorno nos invita a explorar un lugar que ha sido un centro de espiritualidad y comunidad a lo largo de los siglos. Al acudir a este convento, los visitantes pueden apreciar no solo su importancia histórica, sino también su belleza arquitectónica y paisajística, un verdadero legado cultural que perdura en el tiempo.

Ilustración de la Capilla de los Enterramientos
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