El claustro ejerce la función de núcleo organizador entre las estancias del convento. Se trata de un pequeño recinto cuadrado de humildes proporciones, como proponía la arquitectura franciscana descalza, y al que se abren las dos plantas del edificio.
Cuenta con una doble arcada de medio punto en cada uno de sus cuatro lados, sostenida por ocho pilares de ladrillo.
Estos arcos se repetían en la planta alta. Por la decoración de medias columnas que se aprecian en las esquinas, se puede deducir que en el centro apoyaban sobre fustes redondos de mampostería.
De los esgrafiados con palabras abreviadas que aparecen encima de las ventanas conseguimos descifrar el siguiente texto:
“SE HIZO ESTA OBRA SIENDO GUARDIAN NUESTRO
HERMANO ¿________? DE VILLAFRANCA AÑO DE 1739”
Fue precisamente en esa fecha de 1739, cuando el claustro tomó el aspecto que hoy contemplamos.
La galería que rodea al patio está compuesta de bóvedas de arista de escasa altura, y bajo los arcos que dibujan en las paredes, se conservan restos de pintura imitando marcos de madera que contenían, seguramente, lienzos de imágenes o episodios religiosos. Incrustados en el muro, perduran muchos de los clavos que fijaban dichas telas.
Del tramo occidental parte la escalera que da acceso a la planta alta.
