Entre las estancias erguidas en el ala oriental se encuentra el refectorio. Se trata de una sala alargada, cubierta por una bóveda sobre arco carpanel. En el muro norte se aprecia el banco corrido, que nos da pista de la función que tuvo como comedor.
Se conserva también parte de la decoración esgrafiada, imitando sillares de cantería y rematada por una sencilla cenefa geométrica, componiendo un zócalo a media altura que cubría toda la dependencia.
Este lugar también fue utilizado para guardar libros y leer a la mesa.
Un curioso hueco en la esquina de la pared meridional comunicaba con el pórtico de entrada. Aunque no podemos precisar su función exacta, parece claro que era una ventanilla abierta a la atención de quien acudiera por esa parte del convento.

