Hablan las crónicas franciscanas de un retablo de madera, hoy desaparecido, que allá por 1580 fue tallado y ensamblado para este lugar.
También se menciona que en las reformas del S.XVIII “se hizo un hermoso retablo y se doró”.
Sin que este claro si se refiere al mismo que podemos admirar hoy.
El retablo actual, fabricado a base de ladrillo y mortero de cal, circunda y enfatiza el hueco que sirvió de alojamiento a la imagen de la Madre de Dios y que, desde su camarín, asomaba a la iglesia.
De estilo barroco, denota influencia lusa. La pintura que lo decora pretende enriquecerlo dándole una apariencia marmórea.
Presenta una disposición en vertical, con cuatro hornacinas sobre peanas con motivos geométricos y vegetales, rematadas en lo alto con doseletes decorados con imitación de cortinaje. Sin duda, debieron contener tallas con distintas imágenes de la devoción franciscana. Ocupaban las entrecalles unas columnas con capiteles de orden compuesto, cuyos fustes han desaparecido.
En la parte superior, coronando el retablo, el ático culmina con el Emblema Mariano. Un homenaje a la Virgen, destacando su relevancia dentro del contexto religioso y cultural del convento.

