La hospedería era un espacio destinado al alojamiento de transeúntes y peregrinos; servía como descanso, refugio y protección para aquellos que viajaban por la región. Los frailes ofrecían cobijo, brindándoles un lugar donde descansar y recuperar fuerzas. No obstante, no se tiene constancia de si las estancias eran largas, ni de si los huéspedes debían pagar por el alojamiento, o si todo se regía por la generosidad de la comunidad religiosa.
Ubicada sobre el pórtico norte de entrada, la hospedería ha conservado su suelo original, compuesto de ladrillos de barro cocido de diversos tamaños que, con el paso del tiempo, han sido remendados y parcheados, incluso con algunas lajas de piedra, debido al uso constante a lo largo de los años.
Se aprecian dos partes claramente diferenciadas. La primera tiene una planta rectangular y bóveda de cañón rebajada, cuyo arranque en los muros está marcado por una moldura a modo de cornisa. Se ve claramente que este espacio fue dividido en dos estancias por medio de un tabique para su adaptación como vivienda tras la expropiación del edificio. También se construyó una chimenea cuya campana aún adorna la dependencia, y en el cuerpo exterior está marcada la fecha de su construcción, que se remonta a 1890.
Contigua a estas habitaciones el conjunto se prolonga con otra dependencia que, aunque parece formar parte de la misma construcción, genera algunas dudas sobre su antigüedad. Esta habitación difiere notablemente en sus características constructivas respecto a la primera, principalmente en la no prolongación de la bóveda. Sin embargo, hay un detalle que une ambas estancias y refuerza la hipótesis de una fecha de construcción cercana: el zócalo pintado, que conserva un diseño idéntico al de la primera dependencia, y que está realizado sobre la primitiva capa de enlucido, sugiriendo que ambas fueron construidas o renovadas en un mismo periodo, probablemente como parte de un proyecto de ampliación o adaptación en fechas posteriores.
A la hospedería se accede a través de una escalera exterior, lo que permitía que las personas alojadas pudieran entrar sin necesidad de atravesar el convento, garantizando así la privacidad y tranquilidad de los frailes. Este conjunto de elementos refleja el propósito original de la hospedería como un lugar de acogida, y a la vez muestra su evolución como una dependencia funcional del edificio en épocas posteriores, cuando se adaptó como vivienda para trabajadores de una explotación agroganadera.

