Se trata de un espacio rectangular, cubierto por sencillas bóvedas cuatripartitas de aristas y dos arcos rebajados que se corresponden con sendos contrafuertes en el exterior. Este sector sostiene la antigua hospedería del convento, situada en la planta alta.
Frente a uno de los arcos rebajados de entrada al pórtico, en la parte más oriental del muro sur, se encuentra una puerta que conecta directamente con la iglesia, probablemente el único acceso desde el exterior en tiempos pasados. Está enmarcada en una decoración de amarillos con moteados en rojo, imitando dorados. En la parte superior, arranca el dibujo de un marco, fragmentado por la construcción de las bóvedas. Este detalle proporciona pistas sobre esta fase constructiva del edificio.
La entrada situada en el extremo opuesto daba acceso a un corredor, hoy desaparecido, que discurría adosado al muro del pie de la iglesia y conducía directamente al claustro, evitando el paso por el templo.
Esta puerta, ofrece decoración de arco sobre pilastras, rematadas en pináculos y policromada en tonos amarillos, negros, verdes y rojos. En la parte superior, se recrea, con realce de obra, un espacio en forma de hornacina, donde todavía se aprecia el claveteado que en otro tiempo sostenía una tela o tablilla, plasmando la imagen de algún santo que recibía al recién llegado y marcaba el umbral entre lo cotidiano y lo sagrado.

